Las emociones son reacciones psicofisiológicas que
representan modos de adaptación a ciertos estímulos del individuo cuando
percibe un objeto, persona, lugar, suceso, o recuerdo importante.
Psicológicamente, las emociones alteran la atención, hacen subir de rango ciertas
conductas guía de respuestas del individuo y activan redes asociativas
relevantes en la memoria.
Los sentimientos son el resultado de las emociones y
pueden ser verbalizadas (palabras). Fisiológicamente, las emociones organizan
rápidamente las respuestas de distintos sistemas biológicos, incluidas las
expresiones faciales, los músculos, la voz, la actividad del SNA y la del
sistema endocrino, a fin de establecer un medio interno óptimo para el
comportamiento más efectivo. Los diversos estados emocionales son causados por
la liberación de neurotransmisor (o neuromediador) y hormonas, que luego
convierten estas emociones en sentimientos y finalmente en el lenguaje.
Conductualmente, las emociones sirven para establecer nuestra posición con
respecto a nuestro entorno, y nos impulsan hacia ciertas personas, objetos,
acciones, ideas y nos alejan de otros. Las emociones actúan también como
depósito de influencias innatas y aprendidas, y poseen ciertas características
invariables y otras que muestran cierta variación entre individuos, grupos y
culturas (Levenson, 1994).
Tipos de Emociones
Las emociones son fenómenos afectivos y subjetivos,
entendidos como una manera de adaptación al ambiente en que el individuo se
desarrolla.
1-)Emociones Básicas o Primarias: es fácil percibirlas, principalmente
porque provocan un comportamiento estandarizado y sus causas suelen ser
invariables. Existen 6 emociones primarias: tristeza, felicidad, sorpresa,
asco, miedo e ira. Las emociones primarias constituyen procesos de adaptación.

Tristeza: en caso de perdidas, se asocia a una una
función adaptativa y reparadora. La tristeza provoca una disminución de la
energía e ilusión por las actividades cotidianas, paraliza nuestro metabolismo
y nos limita y aísla. En casos graves, podemos alcanzar la depresión.
Felicidad: se suprimen sensaciones negativas o de
incomodidad. Se anulan prácticamente todas las reacciones fisiológicas de
importancia, excepto la sensación de tranquilidad y calma corporal. Se asocia
con el placer, la diversión, la armonía sensual, en niveles algo más altos, con
la euforia, y el éxtasis.
Sorpresa: elevar nuestras cejas expresando sorpresa, nos
permite ampliar el campo visual y que nuestra retina reciba más luz. Esta
reacción aumenta la información sobre el acontecimiento, facilitando la mejor
manera de elección ante la nueva situación.
Asco: Un gesto facial de disgusto se perfila para
bloquear las fosas nasales en caso de percibir una sustancia desagradable y
facilitarnos la necesidad de expulsarla.
Miedo: la sangre se reparte en lugares imprescindibles
para tomar una actitud evasiva; puede ocurrir que nuestro organismo se paralice
antes de tomar una salida acertada. Pero el cuerpo se encuentra sometido a un
estado de máxima alerta. Se asocia al nerviosismo, ansiedad, preocupación,
inquietud, y en un nivel mas grave, con la fobia y el pánico.
Ira: nuestro cuerpo reacciona enviando sangre hacia las
manos, favoreciendo el empleo de armas o predisponernos para golpear de manera
contundente. Se acelera la frecuencia cardíaca, y se elevan hormonas
(adrenalina) que predisponen nuestro organismo, para emprender la acción. Se
asocia con la hostilidad la furia, la indignación, y en casos extremos, con el
odio patológico.
2-) Emociones de Fondo: son producto o resultado de las emociones básicas. Así mismo, a pesar de su significancia, este tipo de emociones no suelen
manifestarse en la conducta de la persona. Las emociones de fondo son
básicamente dos: desánimo y entusiasmo. A partir de ellas no sólo se conforma
el estado de ánimo diario de un individuo, sino que también influyen
radicalmente en sus acciones.
3-) Emociones Sociales: Reciben
su nombre a partir del hecho de que es condición necesaria la presencia de otra
persona para que estas puedan aflorar. Las emociones sociales, a diferencia de lo que se suele creer, no son el
resultado de la formación cultural brindada por la escuela y la familia. Éstas,
solo podrían determinar la manera en que el individuo exteriorizará dichas
emociones, pero de ninguna manera conseguirían crearlas.
Algunas emociones sociales son: vergüenza, gratitud,
admiración, orgullo, celos, simpatía, ofuscación, admiración, irritación, etc.
4-) Emociones Positivas: son aquellas que propician una acentuación en el bienestar del
individuo que las siente. Éstas demás, suelen contribuir favorablemente en la
manera de pensar y de actuar de las personas, proporcionando reservas tanto
físicas como psicológicas para tiempos de crisis. Ejemplos de emociones
positivas son la alegría, la satisfacción, la gratitud, la serenidad, etc.
5-) Emociones Negativas: de
manera contraria a las anteriores, éstas provocan una reducción en el bienestar
del sujeto que la experimenta. Por eso mismo, existe un deseo consciente de
evadirlas, ya que bloquean la energía del ser humano e inciden negativamente en
su salud. La ira, el miedo, la depresión y el asco son algunos ejemplos de
emociones negativas.
Control de las Emociones
Por control emocional no
entendemos ahogar o reprimir las emociones, sino regular, controlar o
eventualmente modificar estados anímicos y sentimientos o su manifestación
inmediata cuando éstos son inconvenientes en una situación dada.
Un aspecto importante del autocontrol lo
constituye la habilidad de moderar la propia reacción emocional a una
situación, ya sea esa reacción negativa o positiva (por ejemplo: no sería
conveniente expresar excesiva alegría ante otras personas, colegas o amigos,
que están pasando en ese momento por situaciones problemáticas o
desagradables).
En la sociedad moderna, los
viejos mecanismos instintivos de 'lucha-huida' no nos sirven normalmente de
ayuda. Debemos utilizar cuanto sabemos acerca de las emociones y sentimientos
propios y ajenos para ayudarnos a controlar mejor nuestros impulsos.
No podemos elegir nuestras
emociones. No se puede simplemente desconectar o evitar. Pero está en nuestro
poder conducir nuestras reacciones emocionales y completar o sustituir el
programa de conducta congénito primario, por ejemplo, el deseo o la lucha, por
formas de comportamiento aprendidas y civilizadas como el flirteo, la crítica,
la discusión o la ironía. Lo que hagamos con nuestras emociones, el hecho de
manejarlas en forma inteligente, depende de nuestro nivel de Inteligencia
Emocional
¿Decides tú cómo controlar las
emociones?
Hay muchas teorías al respecto. Algunos
psicólogos creen que tenemos el control total sobre nuestras emociones y otros
creen que no existe ninguna posibilidad de controlarlas.
Sin embargo hay
investigaciones que concluyen que la forma en que interpretas tus emociones
puede cambiar la forma como las vives. La forma en que reacciones frente una
emoción en concreto condicionará cómo actúa sobre ti.
El orador que sufre frente la
idea de hablar en público lo hace porque interpreta sus nervios como algo
negativo, como una señal que le está enviado su cuerpo para que salga corriendo
de allí.
Por otro lado, alguien que
interprete esos mismos nervios como excitación y ganas de hacerlo bien
probablemente tenga más éxito en su conferencia.
La moraleja es que tu cuerpo
te proporciona la energía para hacer algo, pero cómo usar esa energía lo
decides tú. Hay gente que paga dinero y hace horas de cola para subirse a una
montaña rusa, mientras que otros no se subirían ni en sueños. Ambos sienten los
mismos nervios, pero los interpretan de forma diferente: diversión frente
terror.
! Lo que ocurre cuando tus
emociones se descontrolan¡
No puedes evitar sentir emociones. Las
emociones están ahí porque tienen una función evolutiva, un sentido biológico
de supervivencia. Si nuestros antepasados no hubieran sentido miedo delante de
una manada de tigres, probablemente el ser humano no hubiera llegado hasta hoy
en día.
La amígdala es la parte de tu cerebro
encargada de disparar las emociones, como si fuera una respuesta automática en
forma de agresión o huida frente una amenaza. Por eso es tan difícil controlar
mediante la fuerza de voluntad el origen de tus emociones: significaría anular
esta respuesta para la que estás programado genéticamente.
Este tipo de respuesta emocional
es por lo tanto, necesaria. Sin embargo, en algunas personas no está
correctamente regulada y puede ocurrir que: Se dispare en situaciones donde no
existe una amenaza real (provocando la ansiedad) Sea incapaz de desactivarse
con el paso del tiempo (como en la depresión). Por algún motivo, el cerebro
entra en modo de supervivencia y se queda anclado ahí.
Cuando estás en fase de
lucha-huida y la amígdala ha tomado el mando de tus actos, normalmente ya es
demasiado tarde. Por eso debes aprender a actuar antes. Tienes que
acostumbrarte a detectar aquellas señales que te indican que vas camino de no
poder dominar tus emociones. Esta es la única forma en que serás capaz de
detener el proceso (o retrasarlo) antes de que sea demasiado tarde. Una vez las
emociones te dominan, eres poco más que una bestia acorralada.
Lo que "NÓ" funciona para
controlar tus emociones
Estas técnicas se han
popularizado a través del boca a boca y mediante autores que no se han
molestado en comprobar su base científica real. La utilidad de cada una de
ellas para gestionar tus emociones es, cuanto menos, dudosa.
1. Intentar no pensar en lo
que te preocupa
De la misma forma que intentar no pensar en un oso polar blanco
provocará que termines pensando en él por un efecto rebote, en estudios como
este se ha demostrado que es muy difícil apartar las emociones de nuestra
cabeza.
En el caso de las personas
deprimidas, a las que constantemente les asaltan pensamientos negativos, se ha
comprobado que es totalmente contraproducente intentar suprimir esas ideas
porque terminan regresando con más fuerza todavía.
2. Relajarte y respirar hondo…
Es habitual que nos
recomienden relajarnos y respirar hondo cuando estamos enfadados o muy
ansiosos. Proviene de una tradición casi ancestral, como la de respirar dentro
de una bolsa de plástico en un ataque de pánico.
Pero hay un inconveniente.
Respirar hondo e intentar modular el diafragma no suele funcionar porque el
componente fisiológico de las emociones suele ser poco importante.
Piensa en ello. En la mayoría
de las ocasiones en que te has enfadado mucho, por ejemplo, estabas tranquilo
antes de volverte irascible. Probablemente tenías un buen día hasta que alguien
te lo ha chafado, ¿me equivoco?
Si un estado previo de
relajación no ha podido evitar que te enfadaras, ¿por qué la gente cree que
puede conseguirlo una vez ya estés enojado?
¿Has recomendado alguna vez a
alguien que se relajara cuando estaba enfadado? Te habrás dado cuenta de que no
suele funcionar demasiado bien. Es como si en lugar de escuchar a quien cree
que ha sufrido una injusticia le recomendases que se callara y se tomase un
tranquilizante.
Con esto no quiero decir que
emplear habitualmente técnicas de relajación sea malo. De hecho meditar es
bastante útil (lo verás más abajo). Pero intentar relajarse una vez te han
invadido las emociones es ir a tratar el síntoma y no la causa.
3. Liberar la tensión por
otras vías
Hubo un tiempo en que se pusieron de moda las
actividades para liberar emociones. Talleres donde la gente se reunía para
llorar o eventos donde directivos agresivos se ponían a romper platos.
*Liberar Estrés
Pues bien, resulta que los
estudios psicológicos más recientes sugieren que este tipo de catarsis no
funciona. Incluso puede ser negativa: sucumbir a la tentación de destrozarlo
todo puede incrementar tu agresividad a corto plazo. Lo mismo ocurre con hacer
ejercicio físico: aunque es bueno para tu corazón, no es capaz de tranquilizar
tus emociones.
Las emociones no están contenidas dentro de
nuestro cuerpo y necesitan salir como si fuéramos ollas a presión. Lo que
necesitan es ser comprendidas para evitar que nos hagan daño.
4. Presionarte para tener
pensamientos positivos
Hay un poco de controversia respecto el efecto
de los pensamientos optimistas para regular las emociones. Si bien yo no diría
que son capaces de hacerte pasar de un estado negativo a otro positivo, sí que
pueden llegar a reducir la intensidad de una emoción negativa.
Las emociones se procesan casi
en su totalidad a nivel inconsciente para luego pasar al terreno consciente,
donde las percibes. Por este motivo, cuando eres consciente de ellas a menudo
ya es demasiado tarde.
Sin embargo, buscar la parte
positiva de cada situación sí que puede evitar que sigas autosaboteándote. Si
en lugar de pensar “No voy a poder con esto” empiezas a creer “Está complicado,
pero lo puedo manejar” evitarás que tus emociones negativas se agraven.
Lo que sí funciona
La verdadera inteligencia emocional requiere
que identifiques y entiendas tus propios estados de ánimo. Implica reconocer
cuando y porqué estás enfadado, nervioso o triste, y actuar sobre las causas y
no sólo los síntomas.
Sin embargo, en aquellas
ocasiones en las que veas que irremediablemente te diriges hacia un estado
emocional negativo, las siguientes técnicas pueden ser eficaces para detener o
frenar esa reacción en cadena.
1. Intenta
recordar tus virtudes y éxitos
La reafirmación en tus
virtudes y puntos fuertes es una de las mejores estrategias para gestionar tus
sentimientos. Consiste en pensar en lo que te ha provocado esa emoción pero
reduciendo su significado negativo. Ejemplo: en lugar de enfadarte porque has
llegado tarde al trabajo puedes pensar que, dado que siempre llegas a tiempo,
no es tan grave.
La gente con mayor control emocional utiliza
la autoafirmación cuando la intensidad de sus emociones todavía es baja y
tienen tiempo para buscar otro punto de vista de la situación. Curiosamente, se
ha demostrado que esta estrategia funciona especialmente bien en las mujeres.
La próxima vez que sientas que
pierdes el control sobre tus emociones, recuérdate a ti mismo aquellas cosas de
las que te enorgulleces en tu vida.
2. Distrae
tu atención hacia un asunto concreto
Las personas
que mejor gestionan sus emociones también han aprendido a usar la distracción
para bloquear sus estados emocionales antes de que sea demasiado tarde. Y
parece que resulta muy eficaz cuando prevén que van a experimentar emociones
intensas y no tienen suficiente tiempo para usar otras estrategias.
Como sabrás,
una forma muy efectiva para calmar a un niño pequeño que no deja de llorar es
desviar su atención. “¿Has visto el muñeco?” o “¿Qué tengo en la mano?” suelen
disminuir su nivel de excitación si mantenemos su atención durante el tiempo
suficiente.
Desviar la Atención
La técnica
de la distracción consiste en desvincularte de la emoción negativa centrando tu
atención en pensamientos neutrales. De esta forma evitarás que la emoción coja
demasiada intensidad.
Por ejemplo,
si tu jefe cuestiona tu profesionalidad, en lugar de pensar que quizás termine
despidiéndote podrías pensar en la celebración de cumpleaños que tienes el
sábado. Es simple pero eficaz, tal y como se ha demostrado en varios estudios
científicos.
Aunque a
largo plazo probablemente no sea la mejor estrategia, la distracción funciona,
especialmente si centras tu atención en algo concreto en lugar de dejar que tu
mente vague.
3. Piensa
en tu futuro más inmediato
Las
emociones muy intensas pueden provocar que te olvides de que hay un futuro y
que tus acciones van a tener consecuencias. Aunque en ese momento tan sólo seas
capaz de vivir el presente y tu frustración, enfado o nervios te parezcan tan
importantes, ¿seguirás sintiendo eso dentro de una semana?
Pensar en el
futuro más inmediato es muy eficaz para mantener el autocontrol, tal y como se
demostró en el experimento popularizado a través del libro Inteligencia
Emocional. En él, los niños que resistieron la tentación de comer una golosina
a cambio de recibir otra obtuvieron mejores resultados en los test escolares y
mejores trabajos en los años venideros.
Medita
habitualmente
La
meditación ha demostrado científicamente su eficacia para prevenir los
pensamientos negativos repetitivos y no sólo mientras meditas, sino también a
largo plazo: es capaz de diminuir el nivel de activación de la amígdala de
forma duradera.
La meditación también tiene estudios en la
reducción de la ansiedad. En uno de ellos, cuatro clases de meditación de 20
minutos de duración fueron suficientes para reducir la ansiedad en un 39%.
Intentar
relajarte sólo cuando te asaltan las emociones no es muy eficaz. Sin embargo,
meditar de forma regular y respirar correctamente sí que pueden reducir la
intensidad de las emociones negativas cuando estas aparecen.
4. Date
permiso para preocuparte más tarde
Antes te he explicado que intentar suprimir
una emoción o pensamiento provoca que vuelva de nuevo con más fuerza. Sin
embargo, ¡posponerla para más tarde puede funcionar!
En un
estudio se pidió a los participantes con pensamientos ansiosos que pospusieran
su preocupación durante 30 minutos. A pesar de ser una forma alternativa de
evitar pensar en algo, lo que se ha demostrado es que tras ese período de pausa
las emociones regresan con una intensidad mucho menor.
Así pues,
date permiso para preocuparte después de un tiempo de espera. Te preocuparás
menos.
5. Piensa
en lo peor que te puede pasar
¿Recuerdas
la película Sin Perdón (Unforgiven) de Clint Eastwood?
En ella, el
personaje de William Munny, pese a estar viejo y acabado, es el mejor pistolero
del oeste. Y no lo es por su velocidad ni su puntería. Como él mismo dice, lo
es porque cuando las balas empiezan a volar, él controla sus emociones y
mantiene la calma.
Pero ¿cómo
mantener la calma? Los samuráis y los estoicos se mantenían tranquilos incluso
en las situaciones más dramáticas, ¿cómo lo conseguían?
6. Escribe
un diario de tus emociones
La escritura
expresiva consiste en escribir sobre tus pensamientos y sentimientos más
profundos y ha demostrado ser eficaz tanto a nivel psicológico como físico (¡es
capaz de acelerar la cicatrización de las heridas!)
Mantener una
especie de diario emocional sobre lo que has sentido en algunas situaciones te
ayudará a reducir la recurrencia de pensamientos negativos.
7.Tómate
un respiro para recuperar el autocontrol
Tu
autocontrol no es infinito. De hecho varias investigaciones indican que
conforme te expones a situaciones y emociones, se va consumiendo.
Piensa en
ello como hacer un sprint. Tras la carrera estás exhausto y necesitas tiempo
para poder recuperarte antes de volver a correr. De la misma manera, si logras
dominar tus emociones, evita volver a exponerte de nuevo a una situación tensa
o será más probable que sucumbas.
Lo más
sorprendente es que se ha demostrado que mantener el control consume glucosa,
como si literalmente estuvieras haciendo ejercicio. Por lo tanto, para
recuperar tu autocontrol tienes dos estrategias:
Tomar una
bebida rica en azúcares (no es broma).
Usar la
reafirmación positiva para poder gestionar de nuevo tus emociones (fuente).
La clave
está en identificar cuándo tus niveles de autocontrol están bajos y evitar más
situaciones emocionales mientas te recuperas.
8. Cuando
todo falle, busca un espejo
¿Perdón?
¿Mirarse en un espejo? Sí, por muy sorprendente que parezca esta estrategia
puede ser útil para aplacarte cuando estés furibundo.
Varios
estudios han demostrado que cuando te ves a ti mismo reflejado eres capaz de
observarte desde una perspectiva más objetiva y por lo tanto separarte durante
unos instantes de tu emocionalidad.
Cuanto más
consciente seas de lo que estás haciendo, más capacidad de controlar tus
emociones tendrás. Y observarte en un espejo incrementará tus niveles de
autoconsciencia y te ayudará a comportarte de forma más sociable.
9. Lo
más importante: encuentra el motivo de tus emociones
A largo
plazo la clave no está en luchar contra tus emociones, sino en reconocerlas y
saber por qué te ocurren. Por ejemplo: “Vale, no me gusta sentirme así pero
ahora mismo tengo mucha envidia (reconoces la emoción) porque a Andrés le han
felicitado por su trabajo y a mí no (reconoces el por qué).”
Lo
importante es ser honesto contigo mismo sobre el por qué. No hagas como la
mayoría e intentes engañarte. A menudo nos mentimos haciéndonos creer que
estamos enfadados con alguien por su comportamiento y no porque le han dado el
ascenso al que aspirábamos y eso ha afectado nuestra autoestima.
Conocer la
verdad real de tus sentimientos te ayudará a tratar la causa
INTELIGENCIA EMOCIONAL
La inteligencia emocional es un concepto definido por Mayer,
citado de un estudio de Martínez, como "una habilidad para percibir,
asimilar, comprender y regular las propias emociones y las de los demás,
promoviendo un crecimiento emocional e intelectual. De esta manera se puede
usar esta información para guiar nuestra forma de pensar y nuestro
comportamiento". Según el libro de Goleman titulado Inteligencia
Emocional, que clasifica la inteligencia emocional desde distintos puntos, la
capacidad de motivarse a uno mismo sería un muy buen ejemplo para lograr una
estabilidad emocional plena.
¿Qué es la Inteligencia Emocional?
La Inteligencia Emocional podría definirse como la capacidad
que tiene una persona de manejar, entender, seleccionar y trabajar sus
emociones y las de los demás con eficiencia y generando resultados positivos.
Es decir, es la habilidad para gestionar bien las emociones.
Tanto las nuestras como las de los demás.
Una persona que se enfada con facilidad, que se pone triste
con frecuencia o que no es capaz de controlar sus impulsos... es alguien con
mala inteligencia emocional. Por el contrario, una persona que se conoce bien a
sí mismo, que es capaz de pensar antes de actuar, que entiende sus impulsos,
que los expresa con educación siendo sincero pero, a la vez, consiguiendo no
afectar negativamente a la gente que le rodea...o que es capaz de relativizar y
sentir las cosas de una forma sana...sería una persona con MUY buena
inteligencia emocional.
Así mismo, la Inteligencia Emocional nos debe servir para
entender las emociones de los demás y saber cómo tratar a la gente que nos
rodea de forma que: Estén a gusto a nuestro lado.
No provoquemos emociones desagradables en ellos (ira,
tristeza, frustración, etc.). Es decir tener mano izquierda a la hora de
plantear las cosas.
Alguien con una buena inteligencia emocional debería ser
capaz de aplicar las siguientes cosas:
*Pensar antes de actuar...y no ir a la deriva y a lo
"loco" antes de hacer las cosas. Esto no quiere decir que no se viva
el momento o que no se disfrute. Esto quiere decir que las emociones y la razón
vayan de la mano. Hay que disfrutar, pero también hay que ser capaz de utilizar
la inteligencia y analizar las emociones, especialmente cuando hablamos de ira,
tristeza o frustración.
*Ser empático para poder entender, respetar y manejar las
emociones de los demás, haciendo que la gente que nos rodee esté a gusto.
*Saber elegir bien las emociones en cada momento, para que
nuestro comportamiento sea óptimo. Si, ante una crítica, nos ofendemos y nos
enfadamos, estamos eligiendo muy mal las emociones. Si, por el contrario, nos
paramos a pensar, analizamos el comportamiento de la otra persona, escuchamos,
entendemos su punto de vista, leemos entre líneas y nos damos cuenta de que, el
problema ha sido que en nuestro argumento anterior le hemos ofendido nosotros a
él/ella, entonces será mucho mejor pedir disculpas y sugerir que la próxima vez
nos diga las cosas de otra forma. No es cuestión de ceder, es cuestión de
manejar la situación eficientemente. Es decir, causando el mínimo daño. Y el
enfado, normalmente es la emoción que MÁS daño genera.
*Manejar, conocer y controlar bien las emociones negativas,
especialmente en lo que respecta a: ira, tristeza, frustración y
ansiedad/estrés.
*Vivir una vida con
alto grado de motivación y optimismo, creciéndonos ante la adversidad, en vez
de viniéndonos abajo.
*Ser feliz. La inteligencia emocional, al final debe
perseguir la paz interior y la felicidad. Porque lo único que determina nuestra
felicidad son las emociones. Si nuestras emociones están genial, nuestra vida
irá genial. Si nuestras emociones van fatal, nuestra percepción de la vida será
depresiva, y de fracaso.
Una buena Inteligencia Emocional es IMPRESCINDIBLE para
poder ser útil y atractivo para una mujer. La reactividad no deja de ser un
resultado de una pésima inteligencia emocional y ya sabemos que eso es algo
nefasto para nuestro Juego Interno y Externo.
Una mujer necesita que seamos MUY inteligentes
emocionalmente y que sepamos adaptarnos a cada situación, problema y adversidad
en la vida, con entereza, optimismo y eficiencia.
Las emociones son reacciones psicofisiológicas que representan modos de adaptación a ciertos estímulos del individuo cuando percibe un objeto, persona, lugar, suceso, o recuerdo importante. Psicológicamente, las emociones alteran la atención, hacen subir de rango ciertas conductas guía de respuestas del individuo y activan redes asociativas relevantes en la memoria.
Tipos de Emociones
Las emociones son fenómenos afectivos y subjetivos,
entendidos como una manera de adaptación al ambiente en que el individuo se
desarrolla.
1-)Emociones Básicas o Primarias: es fácil percibirlas, principalmente
porque provocan un comportamiento estandarizado y sus causas suelen ser
invariables. Existen 6 emociones primarias: tristeza, felicidad, sorpresa,
asco, miedo e ira. Las emociones primarias constituyen procesos de adaptación.

Tristeza: en caso de perdidas, se asocia a una una función adaptativa y reparadora. La tristeza provoca una disminución de la energía e ilusión por las actividades cotidianas, paraliza nuestro metabolismo y nos limita y aísla. En casos graves, podemos alcanzar la depresión.
Miedo: la sangre se reparte en lugares imprescindibles para tomar una actitud evasiva; puede ocurrir que nuestro organismo se paralice antes de tomar una salida acertada. Pero el cuerpo se encuentra sometido a un estado de máxima alerta. Se asocia al nerviosismo, ansiedad, preocupación, inquietud, y en un nivel mas grave, con la fobia y el pánico.
2-) Emociones de Fondo: son producto o resultado de las emociones básicas. Así mismo, a pesar de su significancia, este tipo de emociones no suelen manifestarse en la conducta de la persona. Las emociones de fondo son básicamente dos: desánimo y entusiasmo. A partir de ellas no sólo se conforma el estado de ánimo diario de un individuo, sino que también influyen radicalmente en sus acciones.
3-) Emociones Sociales: Reciben su nombre a partir del hecho de que es condición necesaria la presencia de otra persona para que estas puedan aflorar. Las emociones sociales, a diferencia de lo que se suele creer, no son el resultado de la formación cultural brindada por la escuela y la familia. Éstas, solo podrían determinar la manera en que el individuo exteriorizará dichas emociones, pero de ninguna manera conseguirían crearlas.
Algunas emociones sociales son: vergüenza, gratitud, admiración, orgullo, celos, simpatía, ofuscación, admiración, irritación, etc.
4-) Emociones Positivas: son aquellas que propician una acentuación en el bienestar del individuo que las siente. Éstas demás, suelen contribuir favorablemente en la manera de pensar y de actuar de las personas, proporcionando reservas tanto físicas como psicológicas para tiempos de crisis. Ejemplos de emociones positivas son la alegría, la satisfacción, la gratitud, la serenidad, etc.
5-) Emociones Negativas: de manera contraria a las anteriores, éstas provocan una reducción en el bienestar del sujeto que la experimenta. Por eso mismo, existe un deseo consciente de evadirlas, ya que bloquean la energía del ser humano e inciden negativamente en su salud. La ira, el miedo, la depresión y el asco son algunos ejemplos de emociones negativas.
Control de las Emociones
Un aspecto importante del autocontrol lo
constituye la habilidad de moderar la propia reacción emocional a una
situación, ya sea esa reacción negativa o positiva (por ejemplo: no sería
conveniente expresar excesiva alegría ante otras personas, colegas o amigos,
que están pasando en ese momento por situaciones problemáticas o
desagradables).
En la sociedad moderna, los
viejos mecanismos instintivos de 'lucha-huida' no nos sirven normalmente de
ayuda. Debemos utilizar cuanto sabemos acerca de las emociones y sentimientos
propios y ajenos para ayudarnos a controlar mejor nuestros impulsos.
¿Decides tú cómo controlar las
emociones?
Sin embargo hay
investigaciones que concluyen que la forma en que interpretas tus emociones
puede cambiar la forma como las vives. La forma en que reacciones frente una
emoción en concreto condicionará cómo actúa sobre ti.
El orador que sufre frente la
idea de hablar en público lo hace porque interpreta sus nervios como algo
negativo, como una señal que le está enviado su cuerpo para que salga corriendo
de allí.
Por otro lado, alguien que
interprete esos mismos nervios como excitación y ganas de hacerlo bien
probablemente tenga más éxito en su conferencia.
La moraleja es que tu cuerpo
te proporciona la energía para hacer algo, pero cómo usar esa energía lo
decides tú. Hay gente que paga dinero y hace horas de cola para subirse a una
montaña rusa, mientras que otros no se subirían ni en sueños. Ambos sienten los
mismos nervios, pero los interpretan de forma diferente: diversión frente
terror.
! Lo que ocurre cuando tus
emociones se descontrolan¡
La amígdala es la parte de tu cerebro
encargada de disparar las emociones, como si fuera una respuesta automática en
forma de agresión o huida frente una amenaza. Por eso es tan difícil controlar
mediante la fuerza de voluntad el origen de tus emociones: significaría anular
esta respuesta para la que estás programado genéticamente.
Este tipo de respuesta emocional
es por lo tanto, necesaria. Sin embargo, en algunas personas no está
correctamente regulada y puede ocurrir que: Se dispare en situaciones donde no
existe una amenaza real (provocando la ansiedad) Sea incapaz de desactivarse
con el paso del tiempo (como en la depresión). Por algún motivo, el cerebro
entra en modo de supervivencia y se queda anclado ahí.
Cuando estás en fase de
lucha-huida y la amígdala ha tomado el mando de tus actos, normalmente ya es
demasiado tarde. Por eso debes aprender a actuar antes. Tienes que
acostumbrarte a detectar aquellas señales que te indican que vas camino de no
poder dominar tus emociones. Esta es la única forma en que serás capaz de
detener el proceso (o retrasarlo) antes de que sea demasiado tarde. Una vez las
emociones te dominan, eres poco más que una bestia acorralada.
1. Intentar no pensar en lo
que te preocupa
De la misma forma que intentar no pensar en un oso polar blanco
provocará que termines pensando en él por un efecto rebote, en estudios como
este se ha demostrado que es muy difícil apartar las emociones de nuestra
cabeza.
En el caso de las personas
deprimidas, a las que constantemente les asaltan pensamientos negativos, se ha
comprobado que es totalmente contraproducente intentar suprimir esas ideas
porque terminan regresando con más fuerza todavía.
2. Relajarte y respirar hondo…
Pero hay un inconveniente.
Respirar hondo e intentar modular el diafragma no suele funcionar porque el
componente fisiológico de las emociones suele ser poco importante.
Piensa en ello. En la mayoría
de las ocasiones en que te has enfadado mucho, por ejemplo, estabas tranquilo
antes de volverte irascible. Probablemente tenías un buen día hasta que alguien
te lo ha chafado, ¿me equivoco?
Si un estado previo de
relajación no ha podido evitar que te enfadaras, ¿por qué la gente cree que
puede conseguirlo una vez ya estés enojado?
¿Has recomendado alguna vez a
alguien que se relajara cuando estaba enfadado? Te habrás dado cuenta de que no
suele funcionar demasiado bien. Es como si en lugar de escuchar a quien cree
que ha sufrido una injusticia le recomendases que se callara y se tomase un
tranquilizante.
Con esto no quiero decir que
emplear habitualmente técnicas de relajación sea malo. De hecho meditar es
bastante útil (lo verás más abajo). Pero intentar relajarse una vez te han
invadido las emociones es ir a tratar el síntoma y no la causa.
3. Liberar la tensión por
otras vías
Hubo un tiempo en que se pusieron de moda las
actividades para liberar emociones. Talleres donde la gente se reunía para
llorar o eventos donde directivos agresivos se ponían a romper platos.
*Liberar Estrés
Las emociones no están contenidas dentro de
nuestro cuerpo y necesitan salir como si fuéramos ollas a presión. Lo que
necesitan es ser comprendidas para evitar que nos hagan daño.
4. Presionarte para tener
pensamientos positivos
Hay un poco de controversia respecto el efecto
de los pensamientos optimistas para regular las emociones. Si bien yo no diría
que son capaces de hacerte pasar de un estado negativo a otro positivo, sí que
pueden llegar a reducir la intensidad de una emoción negativa.
Las emociones se procesan casi
en su totalidad a nivel inconsciente para luego pasar al terreno consciente,
donde las percibes. Por este motivo, cuando eres consciente de ellas a menudo
ya es demasiado tarde.
Sin embargo, buscar la parte
positiva de cada situación sí que puede evitar que sigas autosaboteándote. Si
en lugar de pensar “No voy a poder con esto” empiezas a creer “Está complicado,
pero lo puedo manejar” evitarás que tus emociones negativas se agraven.
1. Intenta
recordar tus virtudes y éxitos
La gente con mayor control emocional utiliza
la autoafirmación cuando la intensidad de sus emociones todavía es baja y
tienen tiempo para buscar otro punto de vista de la situación. Curiosamente, se
ha demostrado que esta estrategia funciona especialmente bien en las mujeres.
Pensar en el
futuro más inmediato es muy eficaz para mantener el autocontrol, tal y como se
demostró en el experimento popularizado a través del libro Inteligencia
Emocional. En él, los niños que resistieron la tentación de comer una golosina
a cambio de recibir otra obtuvieron mejores resultados en los test escolares y
mejores trabajos en los años venideros.
La meditación también tiene estudios en la
reducción de la ansiedad. En uno de ellos, cuatro clases de meditación de 20
minutos de duración fueron suficientes para reducir la ansiedad en un 39%.
Mantener una
especie de diario emocional sobre lo que has sentido en algunas situaciones te
ayudará a reducir la recurrencia de pensamientos negativos.
La inteligencia emocional es un concepto definido por Mayer,
citado de un estudio de Martínez, como "una habilidad para percibir,
asimilar, comprender y regular las propias emociones y las de los demás,
promoviendo un crecimiento emocional e intelectual. De esta manera se puede
usar esta información para guiar nuestra forma de pensar y nuestro
comportamiento". Según el libro de Goleman titulado Inteligencia
Emocional, que clasifica la inteligencia emocional desde distintos puntos, la
capacidad de motivarse a uno mismo sería un muy buen ejemplo para lograr una
estabilidad emocional plena.
Una buena Inteligencia Emocional es IMPRESCINDIBLE para
poder ser útil y atractivo para una mujer. La reactividad no deja de ser un
resultado de una pésima inteligencia emocional y ya sabemos que eso es algo
nefasto para nuestro Juego Interno y Externo.
Lo que sí funciona
La verdadera inteligencia emocional requiere
que identifiques y entiendas tus propios estados de ánimo. Implica reconocer
cuando y porqué estás enfadado, nervioso o triste, y actuar sobre las causas y
no sólo los síntomas.
Sin embargo, en aquellas
ocasiones en las que veas que irremediablemente te diriges hacia un estado
emocional negativo, las siguientes técnicas pueden ser eficaces para detener o
frenar esa reacción en cadena.
La reafirmación en tus
virtudes y puntos fuertes es una de las mejores estrategias para gestionar tus
sentimientos. Consiste en pensar en lo que te ha provocado esa emoción pero
reduciendo su significado negativo. Ejemplo: en lugar de enfadarte porque has
llegado tarde al trabajo puedes pensar que, dado que siempre llegas a tiempo,
no es tan grave.
La próxima vez que sientas que
pierdes el control sobre tus emociones, recuérdate a ti mismo aquellas cosas de
las que te enorgulleces en tu vida.
2. Distrae
tu atención hacia un asunto concreto
Las personas
que mejor gestionan sus emociones también han aprendido a usar la distracción
para bloquear sus estados emocionales antes de que sea demasiado tarde. Y
parece que resulta muy eficaz cuando prevén que van a experimentar emociones
intensas y no tienen suficiente tiempo para usar otras estrategias.
Como sabrás,
una forma muy efectiva para calmar a un niño pequeño que no deja de llorar es
desviar su atención. “¿Has visto el muñeco?” o “¿Qué tengo en la mano?” suelen
disminuir su nivel de excitación si mantenemos su atención durante el tiempo
suficiente.
Desviar la Atención
La técnica
de la distracción consiste en desvincularte de la emoción negativa centrando tu
atención en pensamientos neutrales. De esta forma evitarás que la emoción coja
demasiada intensidad.
Por ejemplo,
si tu jefe cuestiona tu profesionalidad, en lugar de pensar que quizás termine
despidiéndote podrías pensar en la celebración de cumpleaños que tienes el
sábado. Es simple pero eficaz, tal y como se ha demostrado en varios estudios
científicos.
Aunque a
largo plazo probablemente no sea la mejor estrategia, la distracción funciona,
especialmente si centras tu atención en algo concreto en lugar de dejar que tu
mente vague.
3. Piensa
en tu futuro más inmediato
Las
emociones muy intensas pueden provocar que te olvides de que hay un futuro y
que tus acciones van a tener consecuencias. Aunque en ese momento tan sólo seas
capaz de vivir el presente y tu frustración, enfado o nervios te parezcan tan
importantes, ¿seguirás sintiendo eso dentro de una semana?
Medita
habitualmente
La
meditación ha demostrado científicamente su eficacia para prevenir los
pensamientos negativos repetitivos y no sólo mientras meditas, sino también a
largo plazo: es capaz de diminuir el nivel de activación de la amígdala de
forma duradera.
Intentar
relajarte sólo cuando te asaltan las emociones no es muy eficaz. Sin embargo,
meditar de forma regular y respirar correctamente sí que pueden reducir la
intensidad de las emociones negativas cuando estas aparecen.
4. Date
permiso para preocuparte más tarde
Antes te he explicado que intentar suprimir
una emoción o pensamiento provoca que vuelva de nuevo con más fuerza. Sin
embargo, ¡posponerla para más tarde puede funcionar!
En un
estudio se pidió a los participantes con pensamientos ansiosos que pospusieran
su preocupación durante 30 minutos. A pesar de ser una forma alternativa de
evitar pensar en algo, lo que se ha demostrado es que tras ese período de pausa
las emociones regresan con una intensidad mucho menor.
Así pues,
date permiso para preocuparte después de un tiempo de espera. Te preocuparás
menos.
5. Piensa
en lo peor que te puede pasar
¿Recuerdas
la película Sin Perdón (Unforgiven) de Clint Eastwood?
En ella, el
personaje de William Munny, pese a estar viejo y acabado, es el mejor pistolero
del oeste. Y no lo es por su velocidad ni su puntería. Como él mismo dice, lo
es porque cuando las balas empiezan a volar, él controla sus emociones y
mantiene la calma.
Pero ¿cómo
mantener la calma? Los samuráis y los estoicos se mantenían tranquilos incluso
en las situaciones más dramáticas, ¿cómo lo conseguían?
6. Escribe
un diario de tus emociones
La escritura
expresiva consiste en escribir sobre tus pensamientos y sentimientos más
profundos y ha demostrado ser eficaz tanto a nivel psicológico como físico (¡es
capaz de acelerar la cicatrización de las heridas!)
7.Tómate
un respiro para recuperar el autocontrol
Tu
autocontrol no es infinito. De hecho varias investigaciones indican que
conforme te expones a situaciones y emociones, se va consumiendo.
Piensa en
ello como hacer un sprint. Tras la carrera estás exhausto y necesitas tiempo
para poder recuperarte antes de volver a correr. De la misma manera, si logras
dominar tus emociones, evita volver a exponerte de nuevo a una situación tensa
o será más probable que sucumbas.
Lo más
sorprendente es que se ha demostrado que mantener el control consume glucosa,
como si literalmente estuvieras haciendo ejercicio. Por lo tanto, para
recuperar tu autocontrol tienes dos estrategias:
Tomar una
bebida rica en azúcares (no es broma).
Usar la
reafirmación positiva para poder gestionar de nuevo tus emociones (fuente).
La clave
está en identificar cuándo tus niveles de autocontrol están bajos y evitar más
situaciones emocionales mientas te recuperas.
8. Cuando
todo falle, busca un espejo
¿Perdón?
¿Mirarse en un espejo? Sí, por muy sorprendente que parezca esta estrategia
puede ser útil para aplacarte cuando estés furibundo.
Varios
estudios han demostrado que cuando te ves a ti mismo reflejado eres capaz de
observarte desde una perspectiva más objetiva y por lo tanto separarte durante
unos instantes de tu emocionalidad.
Cuanto más
consciente seas de lo que estás haciendo, más capacidad de controlar tus
emociones tendrás. Y observarte en un espejo incrementará tus niveles de
autoconsciencia y te ayudará a comportarte de forma más sociable.
9. Lo
más importante: encuentra el motivo de tus emociones
A largo
plazo la clave no está en luchar contra tus emociones, sino en reconocerlas y
saber por qué te ocurren. Por ejemplo: “Vale, no me gusta sentirme así pero
ahora mismo tengo mucha envidia (reconoces la emoción) porque a Andrés le han
felicitado por su trabajo y a mí no (reconoces el por qué).”
Lo
importante es ser honesto contigo mismo sobre el por qué. No hagas como la
mayoría e intentes engañarte. A menudo nos mentimos haciéndonos creer que
estamos enfadados con alguien por su comportamiento y no porque le han dado el
ascenso al que aspirábamos y eso ha afectado nuestra autoestima.
Conocer la
verdad real de tus sentimientos te ayudará a tratar la causa
INTELIGENCIA EMOCIONAL
¿Qué es la Inteligencia Emocional?
La Inteligencia Emocional podría definirse como la capacidad
que tiene una persona de manejar, entender, seleccionar y trabajar sus
emociones y las de los demás con eficiencia y generando resultados positivos.
Es decir, es la habilidad para gestionar bien las emociones.
Tanto las nuestras como las de los demás.
Una persona que se enfada con facilidad, que se pone triste
con frecuencia o que no es capaz de controlar sus impulsos... es alguien con
mala inteligencia emocional. Por el contrario, una persona que se conoce bien a
sí mismo, que es capaz de pensar antes de actuar, que entiende sus impulsos,
que los expresa con educación siendo sincero pero, a la vez, consiguiendo no
afectar negativamente a la gente que le rodea...o que es capaz de relativizar y
sentir las cosas de una forma sana...sería una persona con MUY buena
inteligencia emocional.
Así mismo, la Inteligencia Emocional nos debe servir para
entender las emociones de los demás y saber cómo tratar a la gente que nos
rodea de forma que: Estén a gusto a nuestro lado.
No provoquemos emociones desagradables en ellos (ira,
tristeza, frustración, etc.). Es decir tener mano izquierda a la hora de
plantear las cosas.
Alguien con una buena inteligencia emocional debería ser
capaz de aplicar las siguientes cosas:
*Pensar antes de actuar...y no ir a la deriva y a lo
"loco" antes de hacer las cosas. Esto no quiere decir que no se viva
el momento o que no se disfrute. Esto quiere decir que las emociones y la razón
vayan de la mano. Hay que disfrutar, pero también hay que ser capaz de utilizar
la inteligencia y analizar las emociones, especialmente cuando hablamos de ira,
tristeza o frustración.
*Ser empático para poder entender, respetar y manejar las
emociones de los demás, haciendo que la gente que nos rodee esté a gusto.
*Saber elegir bien las emociones en cada momento, para que
nuestro comportamiento sea óptimo. Si, ante una crítica, nos ofendemos y nos
enfadamos, estamos eligiendo muy mal las emociones. Si, por el contrario, nos
paramos a pensar, analizamos el comportamiento de la otra persona, escuchamos,
entendemos su punto de vista, leemos entre líneas y nos damos cuenta de que, el
problema ha sido que en nuestro argumento anterior le hemos ofendido nosotros a
él/ella, entonces será mucho mejor pedir disculpas y sugerir que la próxima vez
nos diga las cosas de otra forma. No es cuestión de ceder, es cuestión de
manejar la situación eficientemente. Es decir, causando el mínimo daño. Y el
enfado, normalmente es la emoción que MÁS daño genera.
*Manejar, conocer y controlar bien las emociones negativas,
especialmente en lo que respecta a: ira, tristeza, frustración y
ansiedad/estrés.
*Vivir una vida con
alto grado de motivación y optimismo, creciéndonos ante la adversidad, en vez
de viniéndonos abajo.
*Ser feliz. La inteligencia emocional, al final debe
perseguir la paz interior y la felicidad. Porque lo único que determina nuestra
felicidad son las emociones. Si nuestras emociones están genial, nuestra vida
irá genial. Si nuestras emociones van fatal, nuestra percepción de la vida será
depresiva, y de fracaso.
Una mujer necesita que seamos MUY inteligentes
emocionalmente y que sepamos adaptarnos a cada situación, problema y adversidad
en la vida, con entereza, optimismo y eficiencia.

Al momento de estudiar las emociones apoyo la idea de que estas no se controlan tan fácilmente y que más allá de regirnos como persona, son impulsos que nos definen y distinguen. Por no poder controlar las emociones es imposible moderar nuestras reacciones ante estas.
ResponderBorrarAl momento de resolver un problema un buen estimulante es la mente positiva, aunque se crea que no tiene mucha relevancia está comprobado que ayuda y se convierte en un factor casi indispensable para una persona, ayudandola así a alcanzar el éxito. La mete positiva nos ayuda a mantener una postura firme ante cualquier situación que creamos que nos supere.
La inteligencia emocional no es más que la capacidad de manejar y trabajar las emociones, es decir la habilidad para gestionarlas, de esta manera opino que así se intenten aplicar de mil maneras no dará resultado ya que las personas actúan según sus impulsos.
considero que las emociones si pueden controlarse es cuestion de practica y de identificar como reaccionamos a cosas cotidianas para asi intentar mejorar, aunque las reacciones son espontaneas podemos intentar pensar antes de seguir haciendo ciertas cosas. con ayuda y experiencias podemos ayudarnos a mejorar nuestros impulsos.
Borrarel cotrol nos ayuda a no caer en situaciones criticas como seria un ataque de ansiedad o una gran depresion, por eso es importante la inteligencia emocional la cual esta definida como "una habilidad para percibir, asimilar, comprender y regular las propias emociones" de esta forma podemos guiar nuestra forma de pensar y nuestro comportamiento.
la actitud mental positiva nos ayuda a mejorar nuestro animo y a enfrertarnos a problemas, cambiamos nuestra perspectiva de las cosas y asi disfrutamos la vida a pesar de las adversidades.
Un consejo personal para tener una mente positiva efectiva y controlar la ira es respirar muy hondo y recordar que el rumbo de las cosas lo pone el destino y que una mala experiencia o un mal momento no es eterno, lo mejor es intentar calmarnos y esperar a que la rabia pase así sabemos y si pensamos bien la intención de los malos momentos y tal vez aprendamos una lección.